lunes, 23 de abril de 2018

MI EXPERIENCIA COMO PSICOCOCINERO/A (II)

Una nueva experiencia formativa, en "cuerpo y alma",  del taller de cocina socioafectiva con el alumnado de tercero del Grado de Maestro de Educación Primaria de la Facultad de Educación de la ULL, en el curso académico 2017-18. 
Pretendemos con ello familiarizar a los futuros docentes con un recurso metodológico para llevar a la práctica la Educación Emocional a las aulas escolares.
A través de sus comentarios a esta entrada podrán acceder a lo que supuso para ellos y ellas esta experiencia formativa de COCINARSE y ANIMENTARSE con su "Montadito de lo que ellos/as decicidieron: Yo soy contigo".

Por cierto, en este Día del Libro, aquí tienen un motivo más para regalar GASTROFELICIDAD a tus seres queridos

domingo, 17 de diciembre de 2017

¿QUÉ HARÍAS SI SOLO TE QUEDARAN 24 HORAS DE VIDA?

Este vídeo inspirador me recuerda al párrafo de la introducción del libro: “Gastronomía para aprender a ser feliz”, que a continuación  les reproduzco. "¿Qué harías si te quedara sólo un día de vida? ¿A qué dedicarías esas últimas 24 horas de tu  existencia? Por mi parte lo tengo claro: me levantaría bien temprano, al alba, mientras el resto de mi familia duerme. Me dirigiría al mercado central del municipio de La Laguna, y transitaría entre los puestos de carnes, verduras, frutas, dulces; disfrutando con todos los colores, olores y sabores del género, y recopilando el conjunto de alimentos con el que preparar una suculenta comida para compartirla con los míos. La manducatoria comenzaría con un copioso desayuno, continuaría, tras un paseo por algún hermoso sendero de los tantos que posee nuestra isla, con un almuerzo y una dilatada sobremesa en la que estarían invitados todos aquellos/as que considero amigos/as, y empataríamos con una cena a la luz del reflejo, en nuestro trocito de océano Atlántico, de la luna que nos toque (si es llena mejor). Ya el resto del plan de actividades lo dejo dentro del ámbito de la intimidad del autor"
GASTRONOMÍA PARA APRENDER A SER FELIZ

sábado, 27 de mayo de 2017

La PsiCocina Socioafectiva en EducAcción (II)

Comparto, en esta segunda entrega, un ejemplo de receta socioafectiva, generosamente ofrecida por Carlos Gamonal, el EMOCHEF con el que dialogo en la publicación de referencia de este blogComo indico en el libro ("Gastronomía para Aprender a Ser Feliz"):

Posiblemente al cocinero de este epílogo, como a la mayoría de los que se dedican profesionalmente a la actividad culinaria, les ocurrirá lo mismo que a Jourdain, el personaje de la obra de Moliére “El burgués gentilhombre”, que hablaba en prosa sin saberlo, es decir, que han hecho psicococina socioafectiva sin ser conscientes de ello. Porque, como ya hemos argumentado, es difícil cocinar sin que intervengan las emociones, sean éstas destructivas (como las que observamos en muchos de esos “reality shows” televisivos de gastronomía) o constructivas como las que desarrollan la mayor parte de los/as cocineros/as que persiguen alimentar a sus comensales, sin afán alguno competitivo, ni divismo personal.

A Carlos se le nota que cada célula de su cuerpo transpira cocina. Habla rápido, en el intento de que su pensamiento no se le escape. Hijo y nieto de cocineros, este chef canario representa el compromiso con lo culinario. Inquieto, imaginativo, pero a la vez práctico, porque “el proceso creativo sólo funciona a partir de una solicitud, cuando hay un problema que resolver, porque si no hay nada y me pones a crear, la cosa no funciona. Ponerme a pintar un cuadro por ponerme a pintar, no. Ahora, pídeme que te resuelva algo y me pongo a funcionar”.

Nos entrevistamos en la cocina de su restaurante Mesón el Drago, situado en el Socorro (municipio de Tegueste, Tenerife). ¡Qué mejor sitio para hablar de gastronomía que el lugar del fuego, los calderos y los alimentos! Sentados en nuestras respectivas banquetas empezamos a “crealogar”.

RECETA SOCIOAFECTIVA.
Título: “Mi energía creativa”
Autor: Carlos Gamonal

INGREDIENTES NUTRIAFECTIVOS:
Proporciones para un niño de 7 a 8 añitos.
·         10.300  kilos de LIBERTAD sólida para experimentar sin límites.
·         2 kilos de CURIOSIDAD diferentes sabores en formato “granulado”.
·         4 litros de DUDA e INCONFORMISMO ante lo establecido…bien líquida.
·         5 kg de OPORTUNIDADES variopintas, con huesos, pipas y espinas, sin limpiar.
·         20 gramos  de GANAS y MOTIVACIÓN, con salud física y mental, en formato bayas como los granos de pimienta…que explote todo su sabor, que sea un placer efímero  y desaparezca rápidamente.
·         PERCEPCIÓN y ATENCIÓN a gogo, sin límite de cantidad, pero que sea líquida cremosa, integradora.
·         Especies:   MIEDO y VALENTÍA en las mismas cantidades, importante mantener esta proporción.

COCINÁNDONOS
Mezclar todos los ingredientes dentro de un ser humano consciente lo más pronto que le sea posible.
Caliente suavemente la mezcla en un entorno de amor familiar constante y libre de conflictos armados en la puerta de su casa.
Evite en todo momento batir los ingredientes. Sin duda, será preferible permitir que sea la cocción de la vida quien integre las diferentes esencias y substancias….que sea la ósmosis de cada momento las que impriman carácter sin deformar el conjunto del guiso….y que se mezcle e integre bien todo lo que se tenga o deba integrar.
(Es curioso que este tipo de cocción tan larga en la que sí o sí se produce evaporación, en vez de perder peso con el tiempo se gane)


domingo, 7 de mayo de 2017

POR TI MAMÁ



Hoy, día en el que se celebra la maternidad, quisiera reiterar el porqué del libro "Gastronomía para aprender a ser feliz". La razón fundamental, primigenia, tiene que ver con la experiencia de ser hijo de Amparo Hernández Hernández ("Amparito"). Este es el motivo por el que le dedico esta publicación con las siguientes palabras: “Por mi madre, quien mi inspiró y transmitió con su testimonio de vida, cotidiano y amoroso, el sentido profundo y radical de la cocina socioafectiva”.

Efectivamente, aunque no haya sido muy frecuente oírle enunciar la frase: “te quiero” (la pobre bastante tenía con preocuparse por sacarnos adelante), ahora siento que con cada plato de comida que cocinaba y nos ponía en la mesa estaba “encarnando” y expresándolo, y con ello alimentándonos afectivamente. Por eso, insisto, este libro se escribió por su maternidad. GRACIAS MAMÁ.

Para entender el sentido ideal de nuestras madres, comparto con todos/as ustedes este precioso e inspirador vídeo que lleva por título "La mamá perfecta". Que lo disfruten recreándonos en nuestra condición de hijos/as amados/as por nuestras “perfectas madres”.

miércoles, 26 de abril de 2017

COMER JUNTOS o la segunda dimensión de la GASTROFELICIDAD.


Como indico en la publicación de referencia de este blog, coincido con el chef Santi Santamaría cuando denuncia: “…no cocinar, como está sucediendo, es una gran pérdida patrimonial, porque cambia el comportamiento en casa. Y es una pérdida emocional, porque se dejan de trasladar sentimientos”.

Y es que posiblemente la comida rápida nos esté dirigiendo hacia una alimentación sin sentimientos que llena la barriga pero vacía el corazón, y que engorda a lo ancho pero ahueca a lo hondo. Y esto es consecuencia del desencuentro con el otro cuyo reflejo necesitamos para ejercer nuestra humanidad.

¿Por qué cuando celebramos algún acontecimiento vital de gran alcance biográfico (nacimiento, boda, cumpleaños) lo hacemos a través de una comida a la que invitamos a los próximos? Más allá de los convencionalismos y protocolos sociales es claro que el banquete es la máxima expresión del compartir y la solidaridad.

Como indican Aduriz e Innerarity (2012, 248): “Sea lo que sea una buena vida, tiene que incluir el gozo común de la comida convival, <un buen banquete en buena compañía>, como decía Kant.

Es difícil comer estando disgustado con alguien. Lo más normal es que nos levantemos de la mesa y dejemos de comer. Son actos (comer y estar enfadados) que se excluyen mutuamente. Para comer con alguien con el que no quiero estar, mejor comer solo.

Participar de la comida en colectividad genera espacios libres de estrés tremendamente beneficiosos para la salud, de tal modo que se ha descubierto que comer en un entorno doméstico o entre amigos aumenta la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar, dando lugar a una sensación placentera, algo que no ocurre cuando se realiza aislado o en mala compañía.

Comparto con ustedes este inspirador vídeo que expresa con una sencillez pero a la vez una gran profundidad el sentido de la relación entre COMER JUNTOS y la FELICIDAD

jueves, 13 de abril de 2017

“COCINA Y AMA CON ABSOLUTO DERROCHE”. DAR DE COMER O LA TERCERA DIMENSIÓN DE LA GASTROFELICIDAD

Como planteo en la publicación de referencia de este blog (Gastronomía para aprender a ser feliz), existirían tres vértices de la relación entre felicidad y gastronomía, o lo que es lo mismo, podríamos definir tres actos de GASTROFELICIDAD:

1)   Comer, como una experiencia placentera y como un acto amoroso con uno mismo, en la que primaría una dimensión de tipo individual. Ser feliz uno mismo a través de la comida.
2)  Comer juntos, como la vivencia colectiva del placer de alimentarse juntos y del sentimiento amoroso de fraternidad y solidaridad que ello supone, donde lo que resalta es la vertiente interpersonal. Ser feliz con los demás en torno a una mesa.
3)  Dar de comer, entendido como un acto de amor a través del cual promueves la felicidad del otro y la propia a través del compromiso emocional con la cocina, en el que sobresale la dimensión más trascendente del hecho gastronómico. Ser feliz haciendo felices a los demás alimentándolos.

Centrándonos en este último vértice, ¡qué sentimiento puede ser más positivo que el amor! Claro que sí, la invitación del Dalai Lama, a amar y cocinar con absoluto derroche, expresa la íntima relación entre la felicidad y dar de comer.

Porque no hay nada más sagrado que dar amor como indica Ortemberg (2009, 32) “Como cocineros, como comensales, damos y recibimos, como en un acto de amor verdadero” Si comer, como defendía Simmel, es el acto más egoísta que hay, ya que propiamente hablando nadie puede compartir la misma comida, “dar de comer” es el más altruista.

En síntesis, como señala la chef Carmen Ruscalleda “cocinar es como abrazar a alguien, crea felicidad”, y con ello nos recuerda que cuando cocinamos promovemos felicidad, no sólo porque comer es un acto gratificante en sí mismo, sino también porque según el compromiso emocional que se ponga en el acto de cocinar, éste se transmite a los alimentos.

En sintonía con esta línea comparto el artículo de Julie R. Thomson en The Huffington Post: "Los psicólogos explican los beneficios de hornear para otras personas. No se trata solo de darles algo dulce". 

http://www.huffingtonpost.com/entry/baking-for-others-psychology_us_58dd0b85e4b0e6ac7092aaf8#

Como conclusión añadida reflexionemos sobre lo siguiente. Imaginemos el bienestar que generan los alimentos que cocinamos, y asumamos que los efectos de esos platos dependen de cómo nos sentimos mientras los preparamos. No es lo mismo cocinar con amor y serenidad, que hacerlo cuando estamos estresados, pensando en problemas, con sentimientos desadaptativos. Pensemos cómo queremos alimentar a las personas que nos importan (nuestros hijos, nuestros familiares, nuestros amigos/as) y los efectos que queremos producir sobre ellos y, a partir de ahí, pongámonos en la mejor actitud para ofrecer bienestar a través de los alimentos que cocinamos.

El acto de limpieza previa y durante el proceso de elaboración de la comida que realizamos cuando nos lavamos las manos no sólo tiene un sentido higiénico sino que representa simbólicamente la motivación que todo cocinero debe practicar despojándose de aquellos elementos emocionales tóxicos que contaminarían afectivamente el plato que está elaborando.